Aunque de los 33 mineros son muchos los que han optado por el vértigo de la fama, otros, como el ex futbolista Franklin Lobos, eligieron recluirse en la tranquilidad de la familia. Franklin habló pocas veces con la prensa –nunca cobró– y sólo para poner en claro que lo que había ocurrido se trataba de un “accidente laboral” y no una historia de héroes.Pero en el rescate hubo otras personas, fundamentales en el proceso, que ni siquiera pudieron elegir si hablaban o no con los medios, relegados por la historia. Uno de ellos es Nelson Flores (38), un personaje clave y aún anónimo de esta gesta. La Voz del Interior fue el primer medio en hablar con él, en su humilde y prolija casa de Tierra Amarilla, comuna ubicada en las afueras de Copiapó.
Flores no disimuló estar dolido. Ni el gobierno chileno, ni los mineros rescatados se acordaron de él en el frenesí tras el operativo rescate “San Lorenzo”. Y eso que tuvo mucho que ver para que hoy los 33 se codeen con la fama.
Él fue quien dirigió la sonda que el domingo 22 de agosto llegó a los mineros, que se aferraron a ella hasta darle varios golpes con el martillo, enviando a la superficie el mensaje deseado: en las profundidades había vida. Antes de esta sonda, se habían enviado otras dos, que no habían llegado al destino que se pretendía.





